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miércoles, 18 de abril de 2012

HORAS DE BIBLIOTECA.


  Después de dos semanas de exámenes, ¿Qué es lo mejor que uno puede hacer?  Ir a la biblioteca, por supuesto, acabaría por darle la razón a Clara si no fuera por que no me apetecía levantarme con la resaca del viernes noche. Intento descifrar por que no he pasado de la línea número 23 de mi libro de lectura, (obligatorio de selectividad, no lo dudes). En mi casa es imposible entrar, ya que es una guardería para adolescentes recién nacidos, desesperados por hincharse a chocolate mientras se hacen a la idea de que ese será el último trozo con el que alimentan a su terrible acné. Sí, mi hermano y sus amigos no tienen otra cosa mejor que hacer que ver todos los Barça-Madrid y viceversa  grabados, en casa.

-Déjalos, mientras estén aquí no están sometiéndose al vodka con coca cola.- Me suplica mi madre antes de que salga de casa.
-Mamá, los efectos de una dosis de Barça- Madrid demasiado alta son peores que el vodka con coca cola, tu sufrirás todos los “Gooooooooooooooooooool”
-¿Gol? ¿Gol? ¿Quién ha marcado? –Un pobre corderillo sale del lavabo, mi lavabo, creyendo que el Madrid puede remontar, no importa las veces que lo vea, es igual que Clara, siempre espera que Di Caprio sobreviva en Titánic.
-El Manchester hijo, el Manchester. –Contesta mi madre maliciosa.
-Ay, menos mal… -Y se marcha con los demás, con tal de no oír que ha sido el Barça, contento se queda. Me dirijo a mi madre.
-Adiós mamá, cuando vuelva quiero ver la casa despejada de adolescentes recién nacidos.
-¿Incluido tu hermano? –Me pregunta graciosa.
-A él me he acostumbrado.-Le contesto con el mismo tono de voz.

La biblioteca está vacía, ¿Por qué solo hay mujeres estudiosas? ¿Qué le cuesta a un hombre atravesar estas puertas? A poder ser que no sea adicto a la guerra de las galaxias o cosas por el estilo. Alguien por detrás me tapa los ojos, ¡El duendecillo de las bibliotecas ha escuchado mis plegarias!

-¿Es que nunca dejas de estudiar? –Oh no, ¿no había otro chico? ¿Enserio?
-Hola borde.-Le contesto.
-Me podrías llamar por mi nombre, si es que te acuerdas de él claro…-Me responde ofendido.
-Por supuesto,  ¡hola borde Fernández! ¿Qué haces aquí?
-Vivo aquí, y me llamo Javier.
-¿Vives en la biblioteca? –Digo con una mirada inquisitiva, te odio duendecillo, imitador de cupido, él lo hacía mejor, ¿no había más personas del sexo masculino para elegir? Sin contestar a mi estúpida pregunta se sienta en la silla contigua  -¿Qué crees que haces?
-¿A ti te que te parece? Pido un bocata de calamares. Me replica.
-Puaj. Gracioso aficionado.
-¿Empezamos? –Me pregunta, ¿Empezamos el que? Me digo a mi misma, pero mi subconsciente sigue siéndome fiel y las palabras no me defraudan.
-Yo querría más bien acabar.

Continuará…                                          
Simplemente Alicia.

1 comentario:

  1. Pobre Javier, lo que le queda por sufrir. Ja ja ja. Me encanta.

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