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domingo, 5 de febrero de 2012

El cocido en la mesa, por favor.


Llevamos varios días con el típico entusiasmo de “¡que nieva, que nieva!” y luego siempre acaba quedándose en nada, pero hay quien no desaprovecha esta gran ola de frío y sabe sacarle todo el partido, mi padre.
Mi madre nos lleva llamado desde hace diez minutos para comer, ese es su punto de vista, el nuestro es que, la chimenea calentando el salón y mi padre, mi hermano y yo, tirados en el sofá sin hacer lo más mínimo que el zappin por turnos, son los elementos básicos para renunciar al hambre, cuando mi madre nota definitivamente nuestra ausencia en la mesa, sale y nos pasa a hacernos sentir culpables por abandonarla.

-         ¡Estoy comiendo sola!
-         Nos hemos dado cuenta…-Le contesta mi hermano irónico.
-         Bien, pasaré a algo más eficaz pues, ¡a la mesa o no coméis!

Esta vez la posibilidad de quedarnos sin comida nos hace dar un brinco y sentarnos en la mesa. El cocido humea y las malas caras son abundantes, mi hermano pasa a preguntar por las patatas fritas, a lo que mi madre, (que detesta que le hagan pucheros con la comida) le contesta:

-Hace frío, el cocido es ideal, cómetelo.

Mi padre es el siguiente en dar buen ejemplo y decir:

-¡Esto no hay ni Dios que se lo coma! –Exclama.
-Pues tu vas a ser el primer Dios de esta casa entonces.-Contesta mi madre, queriendo imponer justicia ante su cocido.

Acto seguido mi padre se mete la primera cucharada de cocido en la boca, y no tarda demasiado en retirar el plato, señalar con un dedo acusador a mi madre, y sacar la lengua a modo de queja. Y con un simple “sopla” mi madre lo arregla todo.
Lo curioso viene cuando mi padre abre la ventana de la cocina (situada encima de su cabeza) y saca el plato por la susodicha ventana, colocándolo en el alfeizar,  cerrando la ventana y esperando a que el palto se enfríe.
La expectación en todos nosotros se hace de notar, el problema viene cuando yo caigo en un dato imprescindible.

-Papá… ¿la perra está suelta?-Pregunto.

Entonces mi padre se queda de piedra, abre la ventana corriendo, para encontrarse de morros con nuestro pastor alemán degustando el cocido que todos rechazamos desde un buen principio.

Mi padre hace ademán de quitarle el plato y salir corriendo tras ella pero mi madre se lo impide y le reprime.

-Para alguien que se come con gusto el cocido déjala, sino, habértelo pensado antes.

Las risas no se pueden contener y todos acabamos comiendo de nuestros platos, que ya se han enfriado, menos mi padre, que ha de volver a echarse y empezar el proceso de cero.

Simplemente Alicia.

3 comentarios:

  1. jajjajja, que bueno, y ademas me es muy familiar
    de ali para ali, un beso grande a todos

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  2. Una rapidez descriptiva muy notable la tuya, me he hecho reír la "aventurilla" del bendito guiso.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! Me gusta que os pueda hacer reír, un beso a todos!

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