Vistas de página en total

domingo, 6 de mayo de 2012

HORAS DE BIBLIOTECA (II)



- Y bien, ¿cual es tu pasado oscuro? – Oh por favor, llevaba media hora intentando concentrarme en mi examen de historia y no había manera.
-Se cree el ladrón que todos son de su condición.-Me limito a contestar.
-Vamos, todos hemos cometido un acto delictivo a lo largo de nuestra corta vida.-Afirma Javier.
-A ver... sí, creo que hace un par de años fingí no tener fiebre para poder asistir a un examen.- Digo para que se calle de una vez.
-Querrás decir que fingiste tener fiebre para no presentarte a un examen ¿no?
-¿A ti que te pasa, que además de pasado estás sordo o que?
-Eres increíble, entonces no se que echo te ha hecho crecer de una manera tan y tan grosera.-Me recrimina, está esperando que le contesté, que me enfurruñe, pobrecito, que distracción más absurda ha ido a escoger.
-Mira, puede que tu seas un genio intelectual (lo cual dudo con todas mis fuerzas) pero hay gente que necesita estudiar, así que cállate o ves a darle la lata a otra.

De repente se levanta y se marcha. ¿Realmente le he ofendido? Tampoco he dicho algo tan malo ¿no? ¡Que diantres! Él ha sido el que ha llegado aquí con su perfecta camisa de cuadros azules y su perfecta cazadora de color beige (¿que ser humano del género masculino utilizaba el color beige? ¿Y porque, si era el único que lo utilizaba, le tenía que quedar tan bien?) Y esos vaqueros claros, que resaltaban sus bonitos ojos verdes. Alicia, estás empezando a delirar, me digo a mi misma. No puedo seguir así, no he entrado en la fase tonta desde hace mucho tiempo, no voy a entrar ahora. ¿Por que hay tanto ruido en una biblioteca? ¿No se supone que se tiene que estar callado? Entonces me doy cuenta de que la única que habla, (consigo misma, lo cual es mucho peor) soy yo.  Hinco los codos de nuevo en el libro de historia y empiezo a releer otra vez la segunda guerra mundial. Pero la paz dura poco, de nuevo Javier aparece por la puerta, y lleva con él ¿una lata de coca-cola? ¿Que mosca le ha picado? Se acerca a la bibliotecaria que cuida la planta y se la entrega feliz. La pobre mujer, con cara de pocos amigos y cansada de no escuchar nada durante siete días seguidos no hace otra cosa que hacer caso omiso de él, coger la lata y guardársela en el bolso. Una imagen viene a mi cabeza, la de esa mujer de entre cuarenta y cinco y cincuenta años, esta noche frente al televisor, con su querido gato, un cuenco de palomitas y la lata de coca-cola de Javier, ni siquiera se ha molestado en añadirle un poco de vodka.

-Echo. –Él se ha vuelto a sentar frente a mí.
-¿Me puedes explicar que has echo?
-Lo que me has dicho, darle la lata a otra ¿no? –Se justifica.

Sin darnos cuenta se pasa el tiempo y es hora de que cierren la biblioteca, son las ocho y cuarto y ya hacen sonar esa musiquita que me pone tan nerviosa, ese aviso de “márchate.” Javier empieza a recoger.

-Siéntate. –Le ordeno.
-A ver si te aclaras eh... ahora que me vaya ahora que me quede... si al final voy a tener razón y no puedes vivir sin mí...
-¿Te quieres callar? Ya es suficiente con esta horrible música. –Le digo.
-Es que es la hora de cerrar. –Me contesta él.
-¿Que hora es? –Pregunto.
-Pues las ocho y cuarto. –Dice consultando su reloj.
-Cierran a y media, de aquí no me voy hasta que sea esa hora. –Acaban de apagar las luces, lo meto todo en mi bolso y me siento de brazos cruzados.
-¿Y me puedes explicar que haces ahora?¿Contemplar la oscuridad?
-Espero, a que se haga la hora de cerrar, la luz del día es tenue pero todavía soy capaz de ver, no es para tanto, estamos casi en verano. – A y veintiocho a la bibliotecaria ya no le quedan uñas que morderse ni grapadoras o lápices que llevarse, me lanza una mirada furtiva, consulto yo el reloj esta vez y decido que es hora de marcharme. –Vamos. –Le digo a Javier.
-He descubierto tu pasado, presente  y futuro oscuro. –Me dice triunfante.
-Ilumíname. -Le digo sarcástica.
-Tu afición es tocar las narices sin tener ningún fin. –Dice con una sonrisa en la cara.


Simplemente Alicia.

miércoles, 18 de abril de 2012

HORAS DE BIBLIOTECA.


  Después de dos semanas de exámenes, ¿Qué es lo mejor que uno puede hacer?  Ir a la biblioteca, por supuesto, acabaría por darle la razón a Clara si no fuera por que no me apetecía levantarme con la resaca del viernes noche. Intento descifrar por que no he pasado de la línea número 23 de mi libro de lectura, (obligatorio de selectividad, no lo dudes). En mi casa es imposible entrar, ya que es una guardería para adolescentes recién nacidos, desesperados por hincharse a chocolate mientras se hacen a la idea de que ese será el último trozo con el que alimentan a su terrible acné. Sí, mi hermano y sus amigos no tienen otra cosa mejor que hacer que ver todos los Barça-Madrid y viceversa  grabados, en casa.

-Déjalos, mientras estén aquí no están sometiéndose al vodka con coca cola.- Me suplica mi madre antes de que salga de casa.
-Mamá, los efectos de una dosis de Barça- Madrid demasiado alta son peores que el vodka con coca cola, tu sufrirás todos los “Gooooooooooooooooooool”
-¿Gol? ¿Gol? ¿Quién ha marcado? –Un pobre corderillo sale del lavabo, mi lavabo, creyendo que el Madrid puede remontar, no importa las veces que lo vea, es igual que Clara, siempre espera que Di Caprio sobreviva en Titánic.
-El Manchester hijo, el Manchester. –Contesta mi madre maliciosa.
-Ay, menos mal… -Y se marcha con los demás, con tal de no oír que ha sido el Barça, contento se queda. Me dirijo a mi madre.
-Adiós mamá, cuando vuelva quiero ver la casa despejada de adolescentes recién nacidos.
-¿Incluido tu hermano? –Me pregunta graciosa.
-A él me he acostumbrado.-Le contesto con el mismo tono de voz.

La biblioteca está vacía, ¿Por qué solo hay mujeres estudiosas? ¿Qué le cuesta a un hombre atravesar estas puertas? A poder ser que no sea adicto a la guerra de las galaxias o cosas por el estilo. Alguien por detrás me tapa los ojos, ¡El duendecillo de las bibliotecas ha escuchado mis plegarias!

-¿Es que nunca dejas de estudiar? –Oh no, ¿no había otro chico? ¿Enserio?
-Hola borde.-Le contesto.
-Me podrías llamar por mi nombre, si es que te acuerdas de él claro…-Me responde ofendido.
-Por supuesto,  ¡hola borde Fernández! ¿Qué haces aquí?
-Vivo aquí, y me llamo Javier.
-¿Vives en la biblioteca? –Digo con una mirada inquisitiva, te odio duendecillo, imitador de cupido, él lo hacía mejor, ¿no había más personas del sexo masculino para elegir? Sin contestar a mi estúpida pregunta se sienta en la silla contigua  -¿Qué crees que haces?
-¿A ti te que te parece? Pido un bocata de calamares. Me replica.
-Puaj. Gracioso aficionado.
-¿Empezamos? –Me pregunta, ¿Empezamos el que? Me digo a mi misma, pero mi subconsciente sigue siéndome fiel y las palabras no me defraudan.
-Yo querría más bien acabar.

Continuará…                                          
Simplemente Alicia.

jueves, 22 de marzo de 2012

LA NUEVA INQUILINA


-Alliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiicia! –Para que Clara me llame así, algo grave ha tenido que pasar. No teníamos clase juntas y me ha pedido que la esperará al salir de clase, viene corriendo hacia mi como una desesperada, yo diría que hasta hiperventila.
-A ver, ¿te quieres calmar? ¿Qué ha pasado? –Le pregunto tranquila.
-Rubia, alta, ojos azules, pelo lisísimo (mi amiga tiene el pelo rizado, daría lo que fuera por tenerlo liso) me cae mal.
-¿Quién te cae mal? -Con ella es mejor hacer preguntas cortas para que la respuesta sea de una medida lógica, si pretendes escuchar a Clara, contestando a una pregunta con más de siete palabras, siéntate primero.
-La nueva. –Repetimos el proceso anterior.
-¿Qué nueva?
-Hay una chica nueva, y es ¡guapa! –No te extrañes, esto en Clara es de lo más normal, si la chica llevase unas gafas redondas al estilo”científico loco” el pelo enmarañado y un vestido horrendo, la hubiese saludado como si la chica llevara en el colegio desde los cinco años.
-Clara, eres consciente de que hay personas guapas en el mundo ¿no?
-Vamos a quedar con ella para ir a cenar. –Cada día me sorprende más, desde luego.
-¡Pero si me acabas de decir que te cae mal! –Le recrimino, seguro que no trama nada bueno.
-Ya,  por eso, vamos a sacarle todos los trapos sucios que tenga, nos haremos las simpáticas.- La miro de manera irónica.
-Yo ya soy simpática, la del plan diabólico eres tu.
-Seguro que quieres participar cuando te diga con quien ha estado todas las horas, incluso la del patio.- Tampoco te extrañes, para mi amiga, la hora del patio es sagrada, todos los cotilleos están en esa parcela del colegio.
-A ver… ¡sorpréndeme!
-¡Con Javier!
-¿Con el borde sexy? –Me extraño a mi misma, he añadido el adjetivo “sexy” sin pensar.
-Sí, ahora es personal, ¿a que si?
-No, ahora me parece genial, así los dos se preocuparán de ellos mismos, y ese tío me dejará en paz a mí.
-Vamos Ali… hazlo por mí, no puede ser perfecta. –Ya me ha vuelto a poner esa carita de gatito…
-Vale, está bien, pero yo soy la poli buena eh…
-¡Pues claro! Tú no sirves para ser mala si no es con un chico que tiene intenciones de arrimarse a ti. –Se está ganando que no la acompañe.
-¿Cómo se llama?
-Javier, ya lo sabes. –Me contesta.
-El tío no, ¡ella!
-Ah! Andrea,  no podía llamarse, yo que se, Sandalia? O Marciana, incluso Anacleta le pegaría más…
-Claro que si cariño, claro que si…- La cojo por detrás y la empujo a la salida, ha sonado el timbre y han empezado a atropellarnos los niños de primaria, pobrecillos, parece que no hayan visto la luz en años.
-Nos vemos esta tarde.-Le digo a Clara, que se aleja decepcionada, seguro que todavía está pensando en nombres extraños para atribuirle a la pobre chica.


Simplemente Alicia.

domingo, 11 de marzo de 2012

El borde “sexy”



El calor ha empezado a aparecer por las calles y Clara y yo hemos acabado la época de exámenes, con lo cual, las terrazas son testigos de nuestras interesantes conversaciones. Hoy Clara ha decidido llegar cuarenta y cinco minutos más tarde de lo acordado, pero como no hay mal que por bien no venga (esto es mentira, todo mal conlleva un mal, y le sacas partido si vas preparado, pero yo siempre voy preparada) saco mi libro del bolso y me sumerjo en la lectura, “¿Quién te lo ha contado?” de Marian Keyes, es probable que leerme libros para mujeres mayores que yo me haga creer que soy una treintañera solterona y que no existen hombres decentes en el mundo (exceptuando al profesor de matemáticas del año pasado, me aprobó sin sacar más de un cuatro). El caso es que no me importa por que me río sola y eso parece hacer gracia a los camareros, que no hacen más que sacarme cacahuetes (He de decir que voy por la tercera coca-cola y que probablemente lo que esos hombres quieren, es hacerme tener más sed.) Por fin aparece clara, y ¿sabéis que dos frases predilectas dice nada más sentarse?

-Por favor tráenos dos coca-colas y un platito de cacahuetes. –Acto seguido me mira fijamente y me dice. –Si no dejas de leer esos libros acabarás creyendo que el hombre perfecto no existe, quitando por supuesto tu profesor de matemáticas del año pasado.
-Llegas tarde.-Le contesto irónica.
-¡Por eso yo vengo a rescatarte! –Me dice Clara alegre, tanto que si salta un poco más se cae de la silla.
-Repito, llegas exactamente cincuenta minutos tarde.

El camarero ha llegado a la mesa sonriendo ¿Qué le hará tanta gracia? , no hace falta que le de más vueltas,  deposita los frutos secos en el lado de Clara, las dos coca-colas, se gira hacia mí y me dice:

-He pensado que estarías un tanto harta de los cacahuetes y te he traído olivas.
-Oh, em… ya, bueno, he cubierto mi cupo, a esta invita mi amiga.- Le digo muy amablemente (mentira de nuevo, mi  cara era de  ¿me estás vacilando o que?) y le paso las olivas a mi amiga, que a su vez responde al camarero con un asentimiento para que se marche.
-Tengo un nuevo fichaje.  –Me anuncia feliz.
-Y no se porque, no me sorprende.-Le doy un sorbo a mi cuarta coca-cola.
-Es guapo, alto, moreno, buf… ¡es terriblemente perfecto! –Mi amiga gesticula con las manos, la pareja de al lado estará pensando que algo grave le pasa y que necesita ayuda, el problema es que no saben hasta que punto tienen toda la razón…
-Repito, no se por que no me sorpren…-No me deja acabar, un tipo moreno me ha tapado el poco sol que llega a mi cara.-Eh señor acaparador, ¿por que no te apartas?-Le digo muy “cordialmente” (falso, erróneo, le miro igual que he mirado al camarero de antes.) Veo a Clara levantarse, darle dos besos al cretino que ha impedido que mi piel,  coja el tono que todas queremos para el verano.
-Hola Javier, que alegría que hayas podido venir, te presento a mi amiga Alicia, estarás con ella en clase de latín, junto a mi, por supuesto. –Madre mía, desde luego me voy a mudar a la mesa de la pareja y a observar el panorama desde lejos.
-Hola Clara, hola encanto.-Genial, lo de encanto es para mí.
-Adiós acaparador.-Hago amago de levantarme, pero Clara me lo impide y me ordena que me siente, vamos, que toca seguirle el juego otra vez…
-Está bien, me debes cuatrocientas mil con esta.-Le susurro, y me contesta con una amplia sonrisa de satisfacción.
-¿Voy a pedir chicas, queréis algo en especial?- Sí, que te vayas, oh… como me hubiése gustado decirlo en voz alta, que lástima que mis padres me hayan educado bien.
-No gracias.-Responde Clara por las dos.

El resto de la tarde el tío no hace más que cortarme mientras hablo, acaparar la atención de Clara y pedir ronda tras ronda, cuando nos levantamos para irnos se dirige a mi.

-Bueno, pues ya nos veremos en clase de latín chica.
-A ver a ver, “chico” no me vuelvas a llamar así, ¿está claro? –Le contesto arrogante.
-Por supuesto señorita “Necesito sol para no tener está piel blanca y ah… no te acerques que muerdo”.
-Eres un borde al que no tengo la intención de caerle bien.-Le afirmo con una sonrisa irónica. –Clara contempla la escena, ahora sí, con la pareja de al lado, y yo que creí que estaban de mi parte…
-Te corrijo, borde sexy.
-Tu tienes de sexy lo que tiene mi pastor alemán de inocente cuando empieza a cazar palomas, ¡nada! –Mataré a Clara, estos tipos sacan de mi lo peor, y con lo peor me refiero a que me divierte humillar a los cretinos.
-Entonces tu pastor alemán debe de tener un compinche muy bueno al que tu no ves, te gusto.
-Tanto como que me den jaquecas, y no soy masoquista.
-Estoy declarado tu sexy preferido, genial, hasta mañana. –Se despide, y lo hace enserio, se ha ido, pero no sin antes yo decirle:
-¡Hasta nunca!

Clara ha pagado, será gorrón, encima se va sin pagar.

-Cariño cada día empeoras más eh…-Le digo.
-Será eso, pero a ti te resulta sexy, no se que me da más miedo. –Me contesta mientras ponemos rumbo a casa.
-Arggggg! No es sexy, no me parece sexy, está bien, es un borde muy “sexy”.

Simplemente Alicia.

sábado, 25 de febrero de 2012

CORRE QUE TE PILLO




Bueno a ver, os voy a poner en situación ¿vale? Como ya sabéis toco el piano, por lo tanto mis manos son “demasiado importantes” como para que sufran algún percance realizando la clase de educación física, por eso, en el conservatorio hay una gran profesora que autoriza a los alumnos a no realizar las clases correspondientes de educación física, como el baloncesto, el volley … hasta aquí bien, el verdadero problema viene cuando llegas a tu profesor de gimnasia y te sonríe con sorna, entonces ya puedes pensar (donde te has metido) la conversación fue mas o menos la siguiente:

-Profe ya lo dice la nota, no puedo participar en las clases.
-Entiendo.- Aquí ya me estaba imaginando los martes a las ocho de la mañana, calentita en la biblioteca leyendo (sí, genial idea eso de poner una clase de educación física a primera hora, lo sé) mi profesor seguía hablando.-Pero no vas a poder saltarte las clases.

Mi cara no pudo ser más deprimente.

-Pero si ya te he dicho que no puedo, para mi es muy importante no lesionarme las manos, has de entenderlo.- Le reprimí.
-No serán necesarias tus manos, tranquila.- Entonces pensé que por la cabeza se le pasaban cosas peores que jugar a baloncesto a las ocho de la mañana, se giró hacia la pista (que además está en el exterior, todo un detalle por parte del colegio) y me dijo muy serio. – ¿Ves la pista?
-Sí. –No le estaba entendiendo, eso des de luego.
-Empieza a correr alrededor de ella.- Por un momento me eché a reír.
-¿Estarás de broma no?
-¿Me ves con cara de risa?
-No señor.

Me sonrío pensando, buena chica, y señaló de nuevo la pista, era un “empieza” alto y claro. Así que empecé a correr, creo que debo de aclararos otra cosa, yo soy deportista pasiva, más que pasiva, nula, odio el deporte. Otra de las cosas a tener en cuenta es que en la pista mis demás compañeros jugaban a baloncesto y yo me dediqué a rodear la pista a un ritmo, bueno… ¿como lo diría? Bastante lento al gusto del profesor. Y me hizo incrementar el ritmo, pero no pude más, ¡pensaba que me moría! Y paré.

-No puedo más, lo siento.
-Pero si te queda casi toda la hora, a partir de ahora harás esto en todas las clases, tu ya me entiendes, por precaución, no quiero que tus delicadas manos sufran.
-¿Y mi corazón? ¡Me va a dar a paro cardíaco!
-Nada mujer, eso se te pasa ahora mismo… - No me saldría con la mía, no se que prefería la verdad, pero el volvió a la carga.- ¿Sabes? Ahora va a ser difícil que salga de casa.
-¿Por qué?
-Por si se me cae un piano encima, como al del anuncio - Y otra vez esa sonrisa irónica, me estaba sacando de quicio, y le contesté.
-Lo dudo mucho, no tienes nada de parecido con George Clooney! – Y me fui a la ducha.

En fin, el resumen es que al final acabo jugando al corre que te pillo todos los días de educación física, y explicar el por que no puedo jugar a baloncesto como las personas normales a cuarenta personas (compañeros de ambas clases), a los jardineros (que me miran como si estuviese castigada todos los días), y al conserje (que no hace más que ofrecerme su bufanda para que no pase frío) no es divertido.

Simplemente Alicia.

domingo, 5 de febrero de 2012

El cocido en la mesa, por favor.


Llevamos varios días con el típico entusiasmo de “¡que nieva, que nieva!” y luego siempre acaba quedándose en nada, pero hay quien no desaprovecha esta gran ola de frío y sabe sacarle todo el partido, mi padre.
Mi madre nos lleva llamado desde hace diez minutos para comer, ese es su punto de vista, el nuestro es que, la chimenea calentando el salón y mi padre, mi hermano y yo, tirados en el sofá sin hacer lo más mínimo que el zappin por turnos, son los elementos básicos para renunciar al hambre, cuando mi madre nota definitivamente nuestra ausencia en la mesa, sale y nos pasa a hacernos sentir culpables por abandonarla.

-         ¡Estoy comiendo sola!
-         Nos hemos dado cuenta…-Le contesta mi hermano irónico.
-         Bien, pasaré a algo más eficaz pues, ¡a la mesa o no coméis!

Esta vez la posibilidad de quedarnos sin comida nos hace dar un brinco y sentarnos en la mesa. El cocido humea y las malas caras son abundantes, mi hermano pasa a preguntar por las patatas fritas, a lo que mi madre, (que detesta que le hagan pucheros con la comida) le contesta:

-Hace frío, el cocido es ideal, cómetelo.

Mi padre es el siguiente en dar buen ejemplo y decir:

-¡Esto no hay ni Dios que se lo coma! –Exclama.
-Pues tu vas a ser el primer Dios de esta casa entonces.-Contesta mi madre, queriendo imponer justicia ante su cocido.

Acto seguido mi padre se mete la primera cucharada de cocido en la boca, y no tarda demasiado en retirar el plato, señalar con un dedo acusador a mi madre, y sacar la lengua a modo de queja. Y con un simple “sopla” mi madre lo arregla todo.
Lo curioso viene cuando mi padre abre la ventana de la cocina (situada encima de su cabeza) y saca el plato por la susodicha ventana, colocándolo en el alfeizar,  cerrando la ventana y esperando a que el palto se enfríe.
La expectación en todos nosotros se hace de notar, el problema viene cuando yo caigo en un dato imprescindible.

-Papá… ¿la perra está suelta?-Pregunto.

Entonces mi padre se queda de piedra, abre la ventana corriendo, para encontrarse de morros con nuestro pastor alemán degustando el cocido que todos rechazamos desde un buen principio.

Mi padre hace ademán de quitarle el plato y salir corriendo tras ella pero mi madre se lo impide y le reprime.

-Para alguien que se come con gusto el cocido déjala, sino, habértelo pensado antes.

Las risas no se pueden contener y todos acabamos comiendo de nuestros platos, que ya se han enfriado, menos mi padre, que ha de volver a echarse y empezar el proceso de cero.

Simplemente Alicia.

jueves, 26 de enero de 2012

DEVOTO DE DIOS




-Aliiii Aliiiii! No te lo vas a creer, te lo prometo.- Clara, ha entrado en mi habitación dando saltos de alegría, varias veces he pensado en poner pestillo, pero creo que sería más eficaz mudarme, la otra era decirle a mi madre que por lo menos me avisase cuando dejase entrar a mi amiga en la casa, pero repito, sería más fácil mudarme.

-Seguro que viniendo de ti, hasta lo intento procesar con determinación.

Clara se queda pensativa, intentando decidir si me respuesta era un si o un no.

-Bueno, ¿pero te lo cuento o no? – La miro perpleja i le hago un asentimiento con la cabeza,  ella me corresponde con una sonrisa que significa, “ni respires que te puedes perder”.

-Está bien, allá va, ayer después de las clases, tú te fuiste a la biblioteca, pero yo tenía que comprar chocolate para mi madre. –La verdad es que me ha echo poner cara de sorprendida, conozco a la madre de Clara, y no es una mujer que manda a su hija a por chocolate, en vez de hacerla estudiar, te lo puedo asegurar.

-Haber Clara, ¿enserio?

-Ves como te he dicho que no te lo ibas a creer… espera, si todavía no te lo he contado! –me mira perpleja, intentando descifrar por que la he interrumpido.
-Tu madre, que lo único que quiere es que apruebes bachillerato, en vez de mandarte a casa te hace ir a por chocolate?
-A ¡no!  Para nada, ella me mandó a la farmacia a por unos paracetamol por que me llamó diciendo que se encontraba muy mal, y blablabla, entonces yo como excelente hija me acordé que el chocolate lo recomiendan mucho los médicos… -Ella es así, impulsiva como nadie más, seguro que la tableta de chocolate no llegó viva.
-Pero si eso es para la regla Clara! –
-¿Y que? –Me pregunta indignada.
-Pues que tu madre ya tiene la menopausia hija…
-Oye que si quieres no te lo cuento eh… -Me dice cruzándose de brazos.
-No, para nada por favor sigue, seguro que tus explicaciones nos hacen aprobar mañana religión. –Le digo sarcástica.
- Es que somos las únicas que hemos cogido religión, no lo entiendo, bueno da igual, sigo, total, que en el super mientras buscaba el chocolate un chico guapísimo se acercó a mi, y empezamos a hablar, creo que me he enamorado.
-Pero si le conociste ayer Clara por Dios! –Intervengo ya nerviosa.
-Ahí, ahí está el problema. –Me confiesa sentándose sobre las rodillas.
-¿Dios?
-Es que cuando pagamos ambos nuestras respectivas compras, le dije que qué le parecía si le invitaba a casa y eso…
-Y no me digas, ¿le asustaste? Mira que es extraño eh, que hombre rechazaría subir a tu casa a los diez minutos de conocerte… -Le confirmo irónica.
-Pues ese, solo se que se llama Jesús, y antes de despedirse me dijo que era devoto de Diós.
-Vaya, que apropiado… - Y no puedo contenerme, empiezo a reírme a carcajadas, sabía que viniendo de ella me lo podía esperar todo, pero ¿esto? ¿Devoto de Dios? Jajajajajajajaja
-Pues yo no le veo la gracia, ni la gracia ni el sentido, por que ¿eso que significa? Que en las elecciones en vez de votar un partido vota a Dios¿ o que?
-Sabes? Creo que ya le he encontrado un motivo al escoger religión, venga coge el libro y estudia, que seguro que sale una foto de tu amor imposible.- Y me vuelvo a reír, casi hasta lloro.

Clara se va a la otra esquina de la habitación con el libro de religión y hace caso omiso de mi, hasta que al rato largo, levanta la cabeza y me dice:

-¿Sabes? Nunca me habían puesto una excusa tan mala, sea lo que sea eso de devoto de Dios, pienso mantener mi promesa de votar en blanco en las elecciones para que no haya discriminación.
-Pero si ni quiera eres mayor de edad Clara.
-Pues por si acaso, devoto de Dios, pues yo voto a la Virgen! Bueno no, que entonces estamos en las mismas, pues me voto a mi misma.
-Como el de ikea no? Votas a la república independiente de tu casa.- Y le sonrío haciendo hincapié para que vuelva a coger el libro.
-Si, como ese, bah… los hombres no saben apreciarme.
-De eso estoy segura, seguro que al pobre chico le sentó fatal tener que poner a Dios por encima de ti, anda estudia.

Y las dos dejamos pasar la tarde entre religiones y amores, que al fin y al cabo, son igual de complicados.


Simplemente Alicia.